Comenzó un año Nuevo, una nueva oportunidad de ponernos metas, objetivos, planificar… o tal vez, de no hacer nada de eso. Ir al encuentro de uno mismo, y dejar que sea nuestro instinto, alma, los que decidan el rumbo. Por una vez podemos pensar en la opción de que el camino sea la meta. De que transitar el 2010 con los seres que más amamos sea en sí misma, la meta.
Profesionalmente el inicio de un año nos permite repensar procesos, reorganizar tareas y otras tantas cosas que Rehacer. Este texto que les acercamos busca invitarlos a pensar en nuestras prioridades antes de recomenzar todo. Cuando algo hace ruido, claramente estamos yendo contra nuestra naturaleza. Escuchemos ese mensaje.
Ojala estas palabras tan sabias que leerán debajo, inspiren muchas ideas en ustedes. Les deseamos lo mejor en este nuevo año!
Tiempo, riqueza y felicidad
En sus trabajos de investigación, el psicólogo Tim Kasser defiende la tesis de que la
afluencia material no es un preditor fiable del bienestar de los hombres y mujeres de hoy.
Cubiertas unas necesidades básicas, la crisis somete este equilibrio inestable a una
revisión continua, la felicidad se ha de buscar en capas más profundas de nuestra
realidad. Él postula que la afluencia de tiempo, por ejemplo, es un indicador mucho más
seguro y consistente.
Esta tiene que ver con el sentimiento de que uno tiene el tiempo suficiente para realizar
aquellas actividades que considera importantes, intrínsecamente atractivas y plenas de
sentido. Por el contrario, la sensación de pobreza, de que nos falta recurso tan valioso, de
correr en un constante apagafuegos, es una fuente peligrosa de cansancio, estrés y
agotamiento emocional.
Atrapado en una espiral de prisas y escasez, el hombre moderno, abrumado y desbordado
por una demanda incontenible de inquietudes, criado en los seductores brazos de la
abundancia material, tiende a remitir el arte de vivir al futuro. Cuando acabe la carrera,
cuando cancele la hipoteca, cuando deje de fumar, cuando me cambien de jefe, cuando
me promocionen, cuando pierda kilos y esté en mi peso ideal, cuando aprenda inglés,
siempre hay un mañana al que referirse depositario de nuestros mejores sueños e
ilusiones.
No sorprende que cuando éste llega, si lo hace, suela desilusionar, tales eran las
expectativas generadas. Corredores impacientados, no somos buenos viajeros.
Obsesionados con llegar, pensamos en términos de metas y objetivos, parecemos
megaconsultores dedicados a la planificación estratégica.
No disfrutamos el placer de viajar por sí mismo. La felicidad no está tanto en alcanzar un
determinado lugar, como en saborear cada momento y paisaje del camino en buena
compañía. Thoreau decía que la vida es demasiado corta como para vivirla deprisa.
Nosotros la vivimos apresurados, al ritmo de una sociedad virtual que ahoga nuestra
conversación interior entre sofisticados y magnéticos medios de interacción.
Ahora que se acerca el descanso estival para muchos de nosotros, es una buena ocasión
para reflexionar sobre nuestra relación con el tiempo. Si el tiempo nos define durante el
laborioso curso académico, el trabajo puede ser el mejor proveedor de excusas que
conozco, su retrato en una época del año en que el ocio no tiene competencia, alcanza una
nitidez y realismo descarnados.
¿Van a seguir funcionando el teléfono y la blackberry a destajo? ¿Seguirá el ordenador
conectado o soportaremos su huelga total? ¿Se entrometerán televisión y radio en nuestra
convivencia? Si esos absorbentes hábitos se retiran o moderan, ¿a que destinaremos el
tiempo liberado? ¿Qué espacio ocupa una familia desatendida? ¿Qué dosis es la más
equilibrada para sus miembros?, no nos pasemos de un extremo al otro, pueden saltar
chispas.
¿Qué tipo de libros me llevo? ¿Ficción, no ficción? ¿Solo sirven para conciliar el sueno, o
me entretienen y cultivan? ¿Deporte, tendrá cabida? ¿Diversión o terapia? Va dejando de
ser una actividad divertida y sana para transformarse en una gimnasia sudorosa y
narcisista. La pareja, mutuamente aparcada de lunes a viernes, los restos de él y de ella se
recogen juntos para cerrar la jornada, ¿encontrará planes y hobbies donde renovarse?
¿Habrá tiempo para citarse con uno mismo, para meditar sobre los placeres del alma en
un marco natural que invita a ello?
Alguien que ya no lo puede hacer, Ulla Linquist, aquejada de una enfermedad incurable,
casada y con tres hijos, tuvo el coraje de escribir en las postrimerías de su travesía vital.
'Deseo compartir el tiempo de alguien, que me otorgue su tiempo. Es un regalo tan, tan
grande'.
Compartir es un verbo solidario y generoso que solo pueden conjugar los que son dueños
de su tiempo. No se donde perdimos un tiempo de consciencia y calidad, que invita al
encuentro, pero urge recuperarlo, aquí y ahora. Somos lo que hacemos, y si no, sospecho
que no somos aquello que decimos que somos.
Autor: Santiago Álvarez de Mon - Profesor del Iese - Universidad de Navarra
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